Hay planes que, antes de hacerlos, parecen mucho más fáciles de lo que son. Y esta aventura con mis hijos al Refugi del Catllaràs fue un poco eso: ilusión, ganas… y también bastante cansancio. 🏔️

El Refugi del Catllaràs es un refugio libre, un espacio sencillo pensado para poder pasar la noche en la montaña. No es un refugio guardado ni un alojamiento convencional: no vas allí buscando comodidades, sino vivir la experiencia de dormir en plena naturaleza y aprender a apañarte con lo que llevas en la mochila.

Y precisamente por eso, para nosotros, era toda una aventura.

Salimos con nuestras mochilas y toda la emoción de hacer algo diferente. Al principio todo iba genial, pero poco a poco las piernas empezaron a pesar. Ellos se cansaban, las mochilas también se hacían notar y tuvimos que ir haciendo algunas paradas.

—¿Cuánto falta?
—¿Podemos parar un poquito?

Paramos para beber agua, descansar, comer algo y coger fuerzas. A veces avanzábamos un buen rato y otras necesitábamos sentarnos unos minutos.

Y ahí es cuando te das cuenta de que una excursión con niños no consiste tanto en llegar rápido, sino en adaptarte a su ritmo.

Finalmente llegamos al refugio. ❤️

Y la sensación fue de: lo hemos conseguido.

Al entrar, nos encontramos con un espacio sencillo, sin lujos, donde teníamos que organizarnos con todo lo que habíamos llevado. Sacos de dormir, mochilas, comida… Cada cosa tenía que tener su sitio.

Para los niños, aquello ya era toda una aventura: descubrir el refugio, preparar dónde dormiríamos, cenar allí y saber que esa noche no volveríamos a casa.

Y llegó la noche.

El cansancio del camino empezó a notarse. Cenamos, recogimos y nos metimos en los sacos.

Dormir en un refugio libre tampoco es como dormir en casa. Hay ruidos, sonidos de la montaña, movimientos de otras personas, frío… y durante un momento piensas: ¿conseguiremos dormir bien? 😅

Pero poco a poco nos fuimos relajando.

Y hubo algo muy bonito en compartir aquel espacio con ellos. No había pantallas, ni juguetes por todas partes, ni las comodidades de casa. Solo nosotros, nuestros sacos, el refugio y la montaña.

A la mañana siguiente estábamos cansados, pero también teníamos esa sensación de haber vivido algo diferente juntos.

Y creo que eso es lo que más me llevo de esta experiencia.

Que no todo tiene que ser fácil para que sea bonito.

Hubo cansancio. Hubo paradas. Hubo momentos de “¿cuánto falta?”. Hubo una noche diferente y menos cómoda de lo habitual.

Pero también hubo risas, conversaciones, pequeños logros y esa sensación tan bonita de haber conseguido algo juntos.

Para mí, esta primera experiencia durmiendo en un refugio libre ha sido mucho más que una excursión.

Ha sido aprender, también como madre, que a veces hay que bajar el ritmo, parar, descansar y continuar.

Y ver cómo ellos van descubriendo que pueden hacer más cosas de las que imaginan. ❤️

Esta ha sido nuestra primera noche en un refugio libre.

Y quizá sea el comienzo de muchas más aventuras juntos.

Visitad el refugio!! https://www.refugioslibres.com/refugios/refugi-del-catllaras

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