El Dr. Eduard Estivill es conocido por su método para enseñar a los bebés a dormir, descrito en su libro Duérmete, niño. Su enfoque, basado en la modificación de conductas, se inspira en técnicas de adiestramiento conductual como el método Ferber. La idea principal es enseñar al bebé a dormirse solo mediante un sistema de tiempos controlados en los que los padres entran y salen de la habitación sin coger al niño, aunque este llore.
Este método que es ampliamente conocido y su libro ha sido un gran éxito ya que ha vendido más de tres millones de ejemplares. Y muchisimos padres han usado su método para hacer dormir a sus hijos.
Pero, ¿que hay detrás de este método que parece tan eficaz?
- Algunos especialistas consideran que dejar llorar a la criatura puede generar estrés y afectar su desarrollo emocional. Ya que está demostrado que si se deja llorar y no se atiende a sus reclamos, los niveles de cortisol en su cuerpo aumentan considerablemente. Si este aumento es frecuente y sostenido, puede tener efectos negativos en su desarrollo.
- El vínculo afectivo entre el bebé y los padres se puede dañar, ya que el llanto es una forma de comunicación, y no responder puede hacer que el bebé se sienta desatendido.
Hoy en día, hay métodos más suaves y respetuosos con el ritmo y las necesidades del bebé, como el método de Sarah Ockwell-Smith (Crianza Suave), Elizabeth Pantley (El sueño del bebé sin lágrimas) o métodos basados en el acompañamiento y el contacto constante. Estas alternativas buscan equilibrar el descanso de los padres con el bienestar emocional del bebé.
Responder al llanto y acompañar al bebé en su proceso de aprender a dormir no solo es más amable, sino que también fortalece el vínculo y ayuda a su desarrollo emocional.
Al igual que los pequeños de otros mamíferos, nuestros bebés nacen con una necesidad instintiva de estar cerca de quienes los cuidan. Imagina una pequeña cría que, tras nacer, se acurruca junto a su madre, buscando el calor de su cuerpo, el sonido constante de su latido y la seguridad de su presencia. Esta cercanía les da la confianza de que el mundo no es un lugar tan temido.
Así, cuando se sienten seguros, pueden descansar, crecer y desarrollarse en armonía con su entorno. Este contacto no es solo una necesidad emocional, sino también fisiológica. El latido del corazón de la madre o padre, cálido y rítmico, actúa como una melodía tranquila que acompaña a su cría. El ritmo constante del latido materno o paterno ayuda a calmar sus miedos, regula su respiración, y les da el consuelo necesario para encontrar su propio ritmo en un mundo tan nuevo. El contacto cercano y el sonido del corazón, también son esenciales para prevenir peligros, como la muerte súbita, ya que esa cercanía mantiene al bebé conectado y monitorizado en todo momento.
Si hay algo postivo en el método del doctor Estivill es practicar las rutinas antes de ir a dormir, un baño relajante, incluso un masaje con crema, poder leer un cuento, ir apagando poco a poco las luces, evitar los juegos que puedan poner nervioso al bebé, ni buscar estimulantes como pantallas. Ir preparando el momento de ir a dormir, pero siempre acompañando y que se pueda sentir seguro y arropado por sus progenitores. Sin dejarlo llorar solo o sentirse abandonado.